
El Sol dijo: —Vamos a probar nuestra sabiduría.
Estaba bravo porque Païsao había transformado a su mujer en una boruga. Entonces lo mandó a conseguir flechas.
En ese tiempo, el cielo era muy bajito. Hicieron una competencia con las flechas. Primero tiró el que era el Sol. Tiró y la flecha pegó arriba, en el cielo.
Luego Païsao tiró otra flecha, pero no pegó.
El Sol le dijo: —Usted tiene el tiro.
Païsao tiró, pero tampoco pegó. Lo intentó otra vez, pero no pudo.
El Sol lanzó una flecha hasta que llegó a la tierra. De una vez, la flecha perforó una escudilla.
El Sol le dijo: —Vamos a ver qué hay en el cielo. De pronto hay comida.
El Sol subió por la escalera, pero después volvió a bajar a la tierra y trajo comida. Caminando, vio una piedra atrás que se dirigía hacia el cielo, pero luego volvía a la tierra. Entonces volvió a traer comida.
Païsao le preguntó: —¿Y, hermano, esto es lo que hay en el cielo?
Él le contestó: —Sí. Esto vamos a comer mañana. Cuando vayamos, suba usted en mi pata para abajo.
A Païsao le daba miedo y se regresó. Lo intentó varias veces. Entonces el Sol le dijo: —¿Cómo creerá?
Esa planta era Païsao. Por miedo a esa planta, él transformaba los animales.
El Sol dijo: —Voy a traer de esa planta para que la coma.
Païsao le respondió: —Sí, traiga bastante.
Pero Païsao no sabía que era su misma planta.
Al mostrarle la planta, el Sol le ordenó: —Suba y no mire hacia abajo.
Después dio una vuelta. Él dio la vuelta y el Sol dijo: —Haga como si fuera de la luna.
En ese mismo momento se transformó en la luna. Después, el Sol envió la planta al cielo. Al haber transformado a Païsao en luna, el cielo se volvió claro. El Sol subió y volvió a continuar.
Entró a la casa, sacó un recipiente y se puso a tomar para calentarse.





