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Sofi, con sus grandes ojos curiosos y su pelo castaño alborotado, tenía tres años y le encantaba observar el mundo. Un día, mientras jugaba con sus bloques de colores en la sala, vio algo que la dejó intrigada. ¡Mamá y Papá se estaban dando un beso! Pero no era un beso cualquiera, era un beso… ¡en la boca!
Sofi corrió hacia ellos, con sus pequeños pies haciendo "ploc, ploc" en el piso de madera. "¡Yo también quiero!", exclamó, estirando sus bracitos hacia arriba.
Mamá sonrió y se agachó para estar a la altura de Sofi. "Mi amor", dijo con voz dulce, "esos besos son especiales. Son para cuando los adultos se quieren mucho, mucho, mucho."
Sofi frunció el ceño, confundida. "¿Y yo no te quiero mucho?", preguntó, con un puchero asomando en sus labios.
"¡Claro que sí, cariño! Te queremos con todo nuestro corazón", respondió Papá, abrazándola con fuerza. "Pero hay otras formas de demostrar cariño, ¿sabes?"
Mamá asintió. "Podemos dar abrazos apretados, o chocar las manos con un ¡choca esos cinco!, o dar besitos en la mejilla. ¡Hay un montón de opciones divertidas!"
Sofi parpadeó, considerando la idea. "¿Puedo dar un besito en la mejilla ahora?", preguntó, mirando a Mamá con esperanza.
"¡Por supuesto!", respondió Mamá, ofreciéndole su mejilla. Sofi se acercó y le plantó un beso suave. "¡Mmm, qué rico!", dijo Mamá, haciéndole cosquillas.
"Pero, Sofi, hay algo muy importante que debes recordar", añadió Papá, tomándola de la mano. "Siempre, siempre, siempre tienes que preguntar antes de dar un abrazo o un beso. Y si alguien dice no, está bien. Significa que en ese momento no quiere, y tenemos que respetarlo."
Sofi asintió, entendiendo. "Preguntar antes y respetar si dicen no", repitió, para asegurarse de recordar.
Al día siguiente, Sofi estaba emocionada por ir al jardín. ¡Tenía muchas ganas de poner en práctica lo que había aprendido! Al llegar, vio a su amiga Luna sentada sola en el banco, con cara triste.
Sofi se acercó con cuidado. "Hola, Luna", dijo con una sonrisa. "¿Estás bien?"
Luna negó con la cabeza. "Me caí y me duele la rodilla", dijo, con los ojos llenos de lágrimas.
Sofi recordó lo que le habían dicho sus papás. "¿Puedo darte un abrazo para que te sientas mejor?", preguntó.
Luna asintió tímidamente. Sofi la abrazó con suavidad. "¿Te sientes un poquito mejor?", preguntó.
Luna sonrió un poco. "Sí, gracias, Sofi."
Luego, Sofi vio a Mateo y a Pablo jugando con la pelota. Corrió hacia ellos. "¡Hola! ¿Puedo jugar con ustedes?", preguntó.
Mateo y Pablo asintieron. "¡Claro!", dijeron.
Después de jugar un rato, Sofi estaba muy contenta. Se acercó a Mateo. "¿Te puedo chocar los cinco por jugar tan bien?", preguntó.
Mateo sonrió y extendió su mano. "¡Claro! ¡Choca esos cinco!"
Más tarde, mientras pintaban con los dedos, Sofi quiso darle un besito en la mejilla a su maestra, la Señorita Ana, para agradecerle por ayudarla a mezclar los colores.
"Señorita Ana, ¿puedo darte un besito en la mejilla?", preguntó Sofi con educación.
La Señorita Ana sonrió. "¡Por supuesto, Sofi! Me encantaría un besito tuyo."
Sofi le dio un besito suave en la mejilla a la Señorita Ana. La Señorita Ana le dio un abrazo a Sofi.
Ese día, Sofi aprendió que el cariño se puede expresar de muchas maneras, y que siempre es importante preguntar y respetar los deseos de los demás. ¡Y lo más importante de todo es que compartir alegría y afecto hace que el mundo sea un lugar mucho más feliz!
Cuando llegó la hora de irse a casa, Sofi le dio un abrazo a Luna, chocó los cinco con Mateo y Pablo, y le dio un besito en la mejilla a la Señorita Ana. Se sentía feliz y orgullosa de haber compartido tanto cariño con sus amigos. Y al llegar a casa, le dio a sus papás los abrazos más apretados del mundo, ¡y un montón de besitos en la mejilla!
Sofi sabía que los besos en la boca eran para adultos que se amaban mucho, pero también sabía que los abrazos, los choques de manos y los besitos en la mejilla eran perfectos para demostrar cariño a sus amigos y familiares. ¡Y eso la hacía muy, muy feliz!
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