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Carlitos tenía dos años y le encantaba jugar con bloques. Tenía bloques rojos, bloques azules, bloques amarillos y bloques verdes. ¡Le gustaba mucho construir torres altas! Pero a veces, ¡puf! La torre se caía.
Un día, Carlitos decidió construir la torre más alta del mundo. Empezó con un bloque rojo. Luego puso un bloque azul encima. ¡Perfecto! Después, un bloque amarillo. ¡Bien! Pero cuando intentó poner un bloque verde, ¡la torre se tambaleó y se cayó!
"¡Oh no!" exclamó Carlitos. Estaba un poco triste, pero su mamá, que estaba cerca, le dijo: "¡Casi, casi, Carlitos! Inténtalo de nuevo."
Carlitos recogió los bloques. Esta vez, puso el bloque rojo y el azul igual que antes. Pero antes de poner el amarillo, lo pensó un poquito. "Tal vez…", murmuró para sí mismo. Colocó el bloque amarillo con mucho cuidado. ¡Funcionó! Ahora el bloque verde. Con respiración profunda, puso el bloque verde… ¡y la torre se quedó de pie!
Pero… ¡oh, no! Carlitos quería poner otro bloque. ¡Quería que su torre fuera aún más alta! Puso otro bloque rojo. ¡Puf! La torre cayó de nuevo.
Carlitos hizo un puchero. Su papá, que estaba leyendo un libro, levantó la vista y sonrió. "¡No te rindas, Carlitos! ¡Casi lo tienes! ¿Qué tal si intentas construir una base más ancha?"
Carlitos pensó en lo que dijo su papá. Tomó dos bloques rojos y los puso uno al lado del otro. Luego puso dos bloques azules encima. ¡Era una base más ancha! Ahora, con cuidado, puso el bloque amarillo y el bloque verde. ¡La torre era estable!
Carlitos aplaudió. ¡Estaba muy contento! Pero todavía quería que su torre fuera más alta. Tomó otro bloque rojo. ¡Puf! La torre se cayó otra vez.
Esta vez, Carlitos se sintió muy frustrado. Se sentó en el suelo y cruzó los brazos. "¡No puedo!", dijo.
Su abuela, que estaba tejiendo un gorro de lana, se acercó a Carlitos. "¿Qué pasa, mi amor?", preguntó.
Carlitos señaló los bloques esparcidos por el suelo. "¡No puedo construir una torre alta! Siempre se cae."
La abuela sonrió. "Pero has intentado muchas veces, ¿verdad? Eso es lo importante. Cada vez que intentas, aprendes algo nuevo. ¡Quizás puedes construir una torre diferente!"
Carlitos pensó en lo que dijo su abuela. Tal vez… tal vez podía construir algo diferente. En lugar de una torre alta, decidió construir una casa. Puso los bloques uno al lado del otro, creando paredes. Usó un bloque azul como puerta y un bloque amarillo como ventana.
¡La casa de Carlitos era preciosa! No era una torre alta, pero era algo que había construido él mismo. Estaba muy orgulloso.
Luego, Carlitos vio a su perro, Max, mirando la casa. Max ladró y movió la cola. A Carlitos se le ocurrió una idea. Tomó un bloque verde y lo puso encima de la casa, ¡como un tejado!
Max ladró de alegría. Carlitos rió. Había construido una casa para Max.
De repente, Carlitos tuvo una idea. Volvió a intentar construir una torre. Esta vez, recordó lo que le había dicho su papá sobre la base ancha. Hizo una base muy ancha con muchos bloques. Luego, puso los bloques uno encima del otro con mucho cuidado.
¡Y esta vez, funcionó! La torre de Carlitos era alta, alta, alta. ¡Era la torre más alta que había construido nunca!
Carlitos gritó de alegría. Su mamá, su papá y su abuela lo aplaudieron. Max ladró feliz.
Carlitos aprendió que aunque las cosas sean difíciles, es importante seguir intentándolo. A veces, necesitas cambiar de estrategia, o pedir ayuda, o incluso construir algo diferente por un rato. Pero lo más importante es no rendirse. Porque al final, ¡siempre puedes lograrlo! Y aunque la torre se caiga, siempre puedes volver a construirla, ¡más alta y más fuerte! ¡Casi, casi, Carlitos! ¡Lo lograste! Desde ese día, Carlitos siempre recordaba que con perseverancia y un poco de creatividad, podía lograr cualquier cosa que se propusiera. Y cuando las cosas se ponían difíciles, solo se decía a sí mismo: "¡Casi, casi, Carlitos! ¡Puedo hacerlo!" Y siempre lo hacía. Fin.
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