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Cuadradito era, bueno, un cuadradito. No era un círculo elegante, ni un triángulo puntiagudo, ni siquiera un rectángulo alargado. Era un simple cuadradito, color azul cielo. Vivía en la Ciudad de las Formas, donde todas las figuras geométricas iban a la escuela. A Cuadradito le gustaba mucho aprender, pero a veces, solo a veces, le costaba mucho quedarse quieto.
Su maestra, la Rectángulo Rosa, era muy amable y paciente. Siempre les explicaba las cosas con mucha claridad y les contaba historias fascinantes sobre el mundo de las formas. Pero Cuadradito tenía una energía que parecía no agotarse nunca. A veces, movía sus esquinas sin parar, otras veces, hacía ruido con sus lados y, algunas veces, ¡hasta intentaba rodar! (cosa que, por supuesto, no le salía muy bien).
Un día, la Rectángulo Rosa les explicó un concepto muy importante: la paciencia. "La paciencia", dijo, "es como un pegamento que une nuestros pensamientos y nos ayuda a concentrarnos en lo que estamos aprendiendo". Cuadradito la escuchó con atención, aunque sus esquinas ya empezaban a temblar un poquito. La Rectángulo Rosa continuó: "Hoy, vamos a hacer un experimento. Vamos a construir la Torre de las Formas Pacientes. El que logre mantenerse quieto y concentrado mientras construimos la torre, recibirá una recompensa especial".
Cuadradito sintió un cosquilleo en sus lados. ¡Una recompensa! Él quería una recompensa. Pero, ¿podría quedarse quieto? Era un desafío enorme. La Rectángulo Rosa sacó una caja llena de formas de todos los colores y tamaños. Explicó las reglas: cada uno tomaría una forma por turno y la colocaría cuidadosamente sobre la torre. El que la tirara, tendría que esperar hasta el final para volver a participar.
El primer turno fue para el Círculo Amarillo. Colocó su forma con cuidado. Luego fue el turno del Triángulo Verde. Todo iba bien. Cuando le tocó el turno a Cuadradito, respiró hondo. Eligió un pequeño Cubo Naranja y, con mucha concentración, lo colocó sobre la torre. ¡Lo había logrado! Pero la tentación de moverse era muy grande. Vio al Rombo Morado hacer equilibrio sobre una de sus puntas. Sintió la necesidad imperiosa de imitarlo.
Se recordó a sí mismo las palabras de la Rectángulo Rosa: "La paciencia es como un pegamento". Cerró sus ojos azules y respiró profundamente. Imaginó que sus esquinas eran raíces que lo mantenían firmemente plantado en el suelo. Cuando volvió a abrir los ojos, se sintió mucho más tranquilo. Continuó participando en la construcción de la torre, siempre concentrado y cuidadoso.
Algunas formas se cayeron. El Óvalo Marrón estornudó y tiró varias formas. El Hexágono Gris se distrajo mirando una mosca y también desestabilizó la torre. Pero Cuadradito se mantuvo firme. Cada vez que sentía la necesidad de moverse, respiraba hondo y se concentraba en la forma que tenía en sus manos.
Finalmente, la Torre de las Formas Pacientes estaba terminada. Era alta, colorida y un poco tambaleante, pero se mantenía en pie. La Rectángulo Rosa sonrió. "¡Muy bien, clase! Estoy muy orgullosa de todos ustedes. Pero debo felicitar especialmente a Cuadradito, quien demostró una paciencia y concentración excepcionales".
Cuadradito se sintió muy feliz. Sus lados brillaban con orgullo. La Rectángulo Rosa se acercó a él con una pequeña caja. "Cuadradito", dijo, "tu recompensa por portarte bien y ser paciente es… ¡esta medalla de campeón portado!".
La medalla era un pequeño círculo de oro con la forma de un cuadradito sonriente grabado en el centro. Cuadradito la aceptó con gratitud y la colgó de una de sus esquinas. A partir de ese día, Cuadradito siguió esforzándose por ser paciente y portarse bien en clase. Aprendió que la paciencia no solo le ayudaba a concentrarse en sus estudios, sino que también lo hacía sentir más feliz y tranquilo. Y aunque a veces todavía le costaba quedarse quieto, siempre recordaba la Torre de las Formas Pacientes y la medalla que había ganado por ser un campeón portado. Sabía que con un poco de esfuerzo, podía lograr cualquier cosa que se propusiera. Y todos en la Ciudad de las Formas lo veían como un ejemplo a seguir: un cuadradito azul que demostró que, incluso la forma más sencilla, puede lograr grandes cosas con paciencia y buena conducta.
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