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Gratis · elegí una vozEidan tenía un año, ¡y le encantaban los dinosaurios! No los dinosaurios normales, ¡no señor! A Eidan le gustaban los dinosaurios *espaciales*. Tenía un peluche de un T-Rex verde con un casco brillante y una mochila propulsora diminuta. Lo llamaba Rex Cohete.
Un día, Eidan estaba jugando en su habitación. La luz del sol entraba a raudales por la ventana, iluminando sus juguetes. Rex Cohete estaba en el suelo, listo para una aventura. Eidan gateó hacia él, riendo. "¡Rex! ¡Vamos!" balbuceó, intentando subirse encima del dinosaurio.
De repente, la habitación se iluminó con una luz brillante. ¡Un destello! Eidan cerró los ojos. Cuando los abrió, ¡ya no estaba en su habitación! Estaba en una nave espacial. Pero no una nave espacial cualquiera. ¡Estaba llena de dinosaurios! Algunos eran grandes, otros pequeños, algunos volaban, otros caminaban. Pero todos, ¡todos llevaban cascos y mochilas propulsoras!
Un Triceratops azul con una antena en su casco se acercó a Eidan. "¡Bienvenido a la Flota Dino-Espacial, pequeño humano!" dijo el Triceratops, con una voz amigable. "Soy el Capitán Tricera."
Eidan, aunque un poco asustado al principio, rápidamente se emocionó. ¡Dinosaurios espaciales! ¡Era su sueño hecho realidad! "¡Dino!" exclamó, señalando al Capitán Tricera.
"Así es," respondió el Capitán Tricera, sonriendo. "Estamos en una misión muy importante. Tenemos que encontrar el Cristal de la Energía Estelar. Sin él, ¡nuestros cohetes no funcionarán y no podremos proteger la galaxia!"
Eidan no entendía todo, pero sabía que era algo importante. Quería ayudar. El Capitán Tricera le dio a Eidan un pequeño casco y una mochila propulsora especial, diseñada para bebés. "Ahora eres un miembro honorario de la Flota Dino-Espacial, ¡Eidan Cohete!"
Juntos, exploraron la nave espacial. Vieron un Stegosaurus pilotando la nave, un Brachiosaurus arreglando un motor con una llave inglesa gigante, y un Velociraptor jugando al ajedrez con un robot. ¡Era increíble!
Finalmente, llegaron a la sala de mando. En el centro, había un mapa estelar gigante. El Capitán Tricera señaló un planeta lejano, verde y brillante. "Ese es el Planeta Cristal. Ahí es donde creemos que está el Cristal de la Energía Estelar."
Prepararon un pequeño cohete espacial, del tamaño perfecto para Eidan y Rex Cohete. "Tú y Rex Cohete iréis al Planeta Cristal," dijo el Capitán Tricera. "Eres pequeño y rápido. Podrás encontrar el cristal antes que nadie."
Eidan se sentó en el cohete, con Rex Cohete a su lado. Se abrochó el cinturón y el Capitán Tricera presionó un botón. ¡El cohete despegó con un rugido!
El viaje al Planeta Cristal fue emocionante. Eidan vio estrellas fugaces, nebulosas coloridas y planetas brillantes. Cuando llegaron al planeta, encontraron una jungla exuberante. Plantas extrañas crecían por todas partes, y los animales hacían ruidos extraños.
Eidan y Rex Cohete exploraron la jungla. Después de un rato, encontraron una cueva. Dentro, brillaba una luz intensa. ¡Era el Cristal de la Energía Estelar! Estaba colocado sobre un pedestal, rodeado de cristales más pequeños.
Pero había un problema. Un pequeño Pterodáctilo, con un casco roto y una expresión triste, estaba sentado frente al cristal, llorando. "No puedo volar," dijo el Pterodáctilo, sollozando. "Mi casco está roto y no puedo recargarlo sin el Cristal de la Energía Estelar."
Eidan sintió pena por el Pterodáctilo. Tuvo una idea. Señaló el cristal y luego a la mochila propulsora del Pterodáctilo. Quería compartir el cristal.
El Pterodáctilo entendió. Con cuidado, tomó un pequeño cristal de la base del Cristal de la Energía Estelar y lo usó para recargar su mochila propulsora. ¡Funcionó! El Pterodáctilo voló alrededor de la cueva, feliz. "¡Gracias, pequeño humano!" exclamó.
Eidan tomó el Cristal de la Energía Estelar y regresó al cohete. Volvió a la nave espacial y le entregó el cristal al Capitán Tricera. Los dinosaurios espaciales vitorearon. ¡Habían salvado la galaxia!
De repente, la habitación se iluminó con una luz brillante otra vez. ¡Un destello! Eidan cerró los ojos. Cuando los abrió, estaba de nuevo en su habitación, con Rex Cohete a su lado. ¿Había sido todo un sueño?
Eidan sonrió. No importaba si era un sueño o no. Había tenido una aventura increíble con los dinosaurios espaciales. Y sabía, en su pequeño corazón, que algún día volvería a viajar con ellos. Cogió a Rex Cohete y le dio un abrazo fuerte. "¡Dino Cohete!" dijo, con una sonrisa. La aventura había terminado, pero la imaginación de Eidan, ¡apenas comenzaba!
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