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Gratis · elige una vozEn el Colegio Arco Iris, los alumnos de 5ºB eran famosos por su amor al chocolate. Un martes cualquiera, la Señorita Elena, su profesora, les había permitido comer chocolate durante la hora del recreo como recompensa por haber terminado un proyecto de ciencias sobre el sistema solar. ¡Imagina la alegría! Los niños, con sus bocas llenas de chocolate, reían y charlaban animadamente en el patio. María mordisqueaba una tableta de chocolate con leche, mientras que Juan devoraba una enorme galleta de chocolate con pepitas. Sofía, la más golosa de la clase, disfrutaba de un cremoso helado de chocolate.
De repente, ¡plof! Empezó a llover a cántaros. Los niños gritaron y corrieron a refugiarse bajo el techado del patio. Pero, ¡oh, sorpresa! Al mismo tiempo que la lluvia caía, el sol brillaba con fuerza. Era una de esas lluvias extrañas y mágicas que solo suceden de vez en cuando. Y entonces, ¡apareció! Un arcoíris gigante, brillante y colorido, que parecía nacer justo detrás del colegio.
"¡Mirad! ¡Un arcoíris!" gritó Pedro, señalando con su dedo lleno de chocolate. Todos los niños se quedaron boquiabiertos. Era el arcoíris más hermoso que habían visto en su vida. La Señorita Elena, tan curiosa como sus alumnos, propuso algo inesperado: "¿Qué os parece si intentamos encontrar el final del arcoíris? ¡Podría ser una aventura emocionante!"
Los niños, entusiasmados con la idea, asintieron con la cabeza. La aventura comenzó. Salieron corriendo del colegio, siguiendo la estela de colores brillantes. La lluvia había cesado por completo y el sol brillaba con más intensidad que nunca. Caminaron por campos de flores silvestres, saltaron sobre charcos brillantes y escalaron una pequeña colina. El arcoíris parecía alejarse cada vez más, pero los niños de 5ºB no se rindieron. Estaban decididos a descubrir qué se escondía al final de ese mágico camino de colores.
Después de caminar durante un buen rato, llegaron a un bosque encantado. Los árboles eran altísimos y sus hojas brillaban con un color verde esmeralda. El aire olía a flores silvestres y a tierra mojada. Los niños, un poco asustados pero muy emocionados, se adentraron en el bosque. De pronto, vieron algo increíble. Al final del bosque, donde parecía terminar el arcoíris, había un claro iluminado por una luz dorada. Y en medio del claro… ¡había montones y montones de Sharklas!
Pero no eran Sharklas normales. Estas Sharklas eran de todos los colores del arcoíris: rojas, naranjas, amarillas, verdes, azules, índigo y violetas. ¡Eran Sharklas mágicas! Cada Sharkla tenía una pequeña etiqueta que decía: "Con sabor a…" Y cada etiqueta indicaba un sabor diferente: "Con sabor a fresa", "Con sabor a limón", "Con sabor a mora", "Con sabor a plátano", "Con sabor a sandía", "Con sabor a uva" y, por supuesto, "Con sabor a chocolate".
Los niños no podían creer lo que veían. ¡Era el paraíso de las Sharklas! La Señorita Elena, sonriendo, les dijo: "¡Adelante, chicos! ¡Podéis probar las Sharklas que queráis! ¡Pero recordad compartir!" Los niños corrieron hacia el claro y empezaron a probar las Sharklas mágicas. Cada Sharkla tenía un sabor delicioso y diferente. Reían, saltaban y compartían las Sharklas entre ellos. Incluso la Señorita Elena probó una Sharkla con sabor a fresa y confesó que era la más deliciosa que había probado en su vida.
Mientras disfrutaban de las Sharklas mágicas, se dieron cuenta de que el arcoíris había empezado a desvanecerse. Sabían que era hora de volver al colegio. Se despidieron del claro encantado y prometieron volver algún día. Llenaron sus bolsillos con algunas Sharklas para compartirlas con sus familias y amigos. Al regresar al colegio, se encontraron con que todo seguía igual. La lluvia había parado y el sol brillaba con fuerza. Nadie creería su historia, pero ellos sabían que había sido real. Habían encontrado el final del arcoíris y habían descubierto las Sharklas mágicas. Y todo gracias a una tarde de chocolate y a una lluvia inesperada. Desde ese día, los alumnos de 5ºB del Colegio Arco Iris recordaron para siempre la aventura del arcoíris de chocolate y las Sharklas mágicas, una historia para contar a sus hijos y nietos. Cada vez que veían un arcoíris, sonreían y recordaban el sabor dulce y mágico de las Sharklas. Y cada vez que comían chocolate, recordaban la aventura que les había llevado a descubrir el secreto del arcoíris. Fin.
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