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Lila era una niña pequeña con un cabello rizado como un manojo de resortes dorados. Le encantaba jugar en el parque, construir castillos de arena y perseguir mariposas. Pero, a veces, Lila sentía cosas muy raras dentro de su pecho. Cosas que no entendía. Un día, mientras jugaba con su oso de peluche, Pipo, Lila tropezó y se raspó la rodilla. ¡Ay! Una lágrima rodó por su mejilla.
"¡Pipo, me duele!" sollozó Lila.
Pipo, por supuesto, no podía responder, pero Lila sintió una tristeza profunda, como un charco de agua fría en su corazón. Era una tristeza gris, como el cielo en un día de lluvia. Sintió ganas de abrazar a Pipo muy fuerte y no soltarlo nunca.
De repente, su amiga Sofía apareció corriendo. "¡Lila! ¡Mira lo que encontré!" Sofía extendió su mano, mostrando una brillante pluma de pavo real. Los ojos de Lila se abrieron de par en par. ¡Era hermosa! La tristeza gris se desvaneció, reemplazada por una sensación cálida y burbujeante.
"¡Wow! ¡Qué linda!" exclamó Lila, olvidándose por completo de su rodilla raspada. Su corazón se llenó de alegría, un color amarillo brillante como el sol. Quería saltar, bailar y reír a carcajadas. La pluma era tan hermosa que le daba ganas de compartir su alegría con todo el mundo.
Jugaron juntas durante horas, imaginando que la pluma era un cetro mágico. Construyeron un castillo de arena para la reina Pavo Real y organizaron un gran baile. Pero, cuando llegó la hora de irse a casa, Sofía dijo: "Lila, me voy a quedar con la pluma. La encontré yo."
Las mejillas de Lila se pusieron rojas. Sintió un calor repentino y desagradable subir desde su estómago hasta su cabeza. ¡No era justo! Ella también había jugado con la pluma.
"¡Pero yo también quiero la pluma!" gritó Lila, cruzando los brazos. "¡No es justo!"
Esta vez, la emoción era roja, como un volcán a punto de explotar. Era enojo. Quería gritar, patear y morder. Se sentía tan frustrada que las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, pero esta vez, no eran lágrimas de tristeza, sino de furia.
Sofía, sorprendida por la reacción de Lila, se echó a llorar. "¡Pero... pero yo la encontré!"
Al ver a Sofía llorar, el enojo de Lila empezó a disiparse un poco. La emoción roja se volvió un poco más rosada. Se dio cuenta de que Sofía también se sentía mal. Se acercó a su amiga y le tocó el hombro.
"Lo siento, Sofía," dijo Lila, con la voz temblorosa. "No debí gritarte."
"Yo tampoco debí ser egoísta," respondió Sofía, secándose las lágrimas.
Juntas, decidieron que podían turnarse para jugar con la pluma. Un día la tendría Lila y al día siguiente Sofía. De repente, una nueva emoción floreció en el corazón de Lila: una sensación suave y reconfortante, como una manta cálida. Era calma. Un color azul claro, como el cielo después de la lluvia.
Al día siguiente, Lila estaba jugando en el jardín de su casa cuando vio una oruga verde muy gorda arrastrándose por una hoja. Nunca había visto una oruga tan grande. Se acercó con cuidado, sintiendo una mezcla de curiosidad y… ¿miedo? Era un verde tembloroso, como las hojas de los árboles cuando sopla el viento fuerte. No estaba segura de si debía tocarla.
Respiró hondo y, con mucho cuidado, extendió su dedo para acariciar la oruga. Era suave y resbaladiza. Sintió una pequeña cosquilla. De repente, la oruga empezó a moverse más rápido. Lila retrocedió, sintiendo un poco de asco. ¡Puaj!
Pero luego, recordó lo que su abuela le había contado sobre las orugas que se convierten en mariposas. Se imaginó a esa oruga gorda transformándose en una hermosa mariposa con alas de colores. La curiosidad ganó al asco. Se quedó mirando a la oruga, preguntándose qué color tendrían sus alas.
Lila aprendió que las emociones son como los colores del arcoíris. A veces son brillantes y alegres, como el amarillo y el naranja. Otras veces son oscuras y tristes, como el gris y el azul oscuro. A veces dan miedo, como el verde tembloroso. Pero todas las emociones son importantes. Todas nos enseñan algo sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea. Y, al igual que los colores del arcoíris, todas juntas hacen que la vida sea mucho más hermosa y emocionante.
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