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Gratis · elegí una vozMamá Oso tarareaba una canción suave mientras mecía a Bebé Oso en sus brazos. Bebé Oso, con sus ojos brillantes como dos canicas negras, la miraba fijamente. Papá Oso, sentado en una mecedora cerca de la chimenea, leía un libro con atención. La cabaña olía a galletas recién horneadas y a la madera quemándose en la chimenea. Era un día perfecto en el Bosque Susurrante.
De repente, Bebé Oso soltó un balbuceo. "Mamá..." dijo, intentando formar la palabra. Mamá Oso sonrió radiante. "¡Sí, mi amor! Mamá. ¡Dilo otra vez!"
Bebé Oso hizo un esfuerzo. "Ma...má," repitió, con más claridad esta vez. Mamá Oso lo abrazó con fuerza, llenándolo de besos. "¡Eso es! ¡Eres el oso bebé más inteligente del mundo!"
Papá Oso levantó la vista de su libro, una sonrisa extendiéndose por su rostro barbudo. "¿Qué pasa aquí? ¿Alguien está diciendo sus primeras palabras?"
Mamá Oso asintió con entusiasmo. "¡Sí! Bebé Oso dijo Mamá!"
Papá Oso se acercó y le dio un beso en la frente a Bebé Oso. "¡Muy bien, pequeño! Ahora, ¿puedes decir Papá?"
Bebé Oso frunció el ceño, concentrándose con todas sus fuerzas. Intentó imitar el sonido que Papá Oso había hecho. "Pa...pá," logró decir finalmente. Papá Oso lo levantó en el aire, haciéndolo reír a carcajadas.
"¡Bravo! ¡Bravo! ¡Eres increíble!" exclamó Papá Oso. "Ahora, solo queda una palabra muy, muy importante."
Mamá Oso y Papá Oso se miraron con complicidad. Sabían que la siguiente palabra era la más especial de todas. Le enseñaban a Bebé Oso a decirla desde que era un recién nacido.
"A ver, Bebé Oso," dijo Mamá Oso suavemente. "¿Puedes decir Te amo?"
Bebé Oso los miró a ambos, confundido. Nunca antes había intentado decir esas palabras juntas. Eran más largas y complicadas que Mamá y Papá.
Mamá Oso tomó sus pequeñas manos en las suyas. "Te amo significa que te queremos muchísimo, más que a las bayas dulces y más que al sol brillante," explicó.
Papá Oso asintió. "Significa que siempre estaremos aquí para ti, pase lo que pase." Se sentó junto a Mamá Oso y Bebé Oso. Los tres se abrazaron en un gran abrazo de oso.
Bebé Oso sintió el calor y el amor que irradiaban sus padres. Quería expresar ese mismo sentimiento con palabras. Cerró los ojos y respiró hondo.
"T...e... a...mo," dijo lentamente, esforzándose por pronunciar cada sílaba correctamente. Al principio, su voz era vacilante, pero a medida que avanzaba, se volvía más fuerte y segura.
Cuando terminó de decir las palabras, Bebé Oso abrió los ojos y vio las caras de sus padres iluminadas por la felicidad. Lágrimas de alegría corrían por las mejillas de Mamá Oso.
"¡Lo hiciste! ¡Lo hiciste!" exclamó Mamá Oso, abrazándolo con fuerza. Papá Oso le dio un beso en la cabeza. "Estamos tan orgullosos de ti, pequeño."
Desde ese día, Te amo se convirtió en la palabra favorita de Bebé Oso. La decía constantemente a Mamá Oso y a Papá Oso, y ellos se la decían a él. La cabaña en el Bosque Susurrante siempre estaba llena de amor y de las dulces palabras de una familia de osos muy unida.
Una tarde, mientras jugaban en el bosque, Bebé Oso se cayó y se raspó la rodilla. Comenzó a llorar. Mamá Oso lo recogió y lo abrazó. "Ya, ya, mi amor," le dijo suavemente. "Todo estará bien." Le limpió la rodilla y le puso una curita con forma de abeja.
"Te amo, Mamá," sollozó Bebé Oso, aferrándose a ella. Mamá Oso le besó la frente. "Y yo te amo a ti, mi pequeño valiente."
Otra vez, Papá Oso estaba construyendo una casa de pájaros en el jardín. Bebé Oso quería ayudar, pero era demasiado pequeño para sostener el martillo. Frustrado, Bebé Oso comenzó a llorar.
Papá Oso dejó el martillo y se arrodilló junto a Bebé Oso. "¿Qué pasa, campeón?" preguntó.
"Quiero ayudar, pero no puedo," dijo Bebé Oso, con los ojos llenos de lágrimas.
Papá Oso sonrió. "Claro que puedes ayudar. Puedes sostenerme las clavos," dijo, ofreciéndole una pequeña caja de clavos.
Bebé Oso sonrió y tomó la caja. Se sintió muy importante al ayudar a su papá. "Te amo, Papá," dijo.
"Yo también te amo, hijo," respondió Papá Oso, dándole un abrazo.
Al final del día, después de cenar galletas de miel y leer un cuento antes de dormir, Mamá Oso y Papá Oso arropaban a Bebé Oso en su cama.
"Buenas noches, mi amor," susurró Mamá Oso, besándole la mejilla.
"Que duermas bien, pequeño," dijo Papá Oso, apagando la luz.
"Buenas noches, Mamá. Buenas noches, Papá," dijo Bebé Oso. Luego, con una sonrisa dulce, añadió: "Te amo."
El amor llenaba la cabaña, brillando más que las estrellas en el cielo nocturno del Bosque Susurrante. Y Bebé Oso, acurrucado en su cama, sabía que era el oso más afortunado del mundo.
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