Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozMicimaus era un ratoncito muy peculiar. No es que tuviera tres colas o hablara al revés, ¡no! Micimaus tenía un corazón que latía al ritmo de la música. Si oía un vals, su corazón hacía *bum-bum, cha-cha-chá*, y si escuchaba rock and roll, ¡*bam-bam-bam!* Su corazón era su propio DJ personal. Micimaus *amo* la música más que al queso, y eso ya era decir mucho.
Un día, mientras correteaba por la cocina de Doña Emilia, Micimaus escuchó un sonido extraño. No era una canción pegadiza ni un ritmo bailable. Era un sonido apagado, como un *pum-pum* muy lento y triste. Micimaus, con su corazón saltarín ahora quieto y preocupado, siguió el sonido hasta encontrar a Doña Emilia sentada en su mecedora. Llevaba sus *chanclas* favoritas, pero su cara no era la de siempre. Estaba triste.
"¿Qué te pasa, Doña Emilia?" preguntó Micimaus tímidamente, asomándose desde detrás de una pata de la mesa.
Doña Emilia suspiró. "Ay, Micimaus, mi corazón está cansado. No late con alegría como antes. Echo de menos los bailes, las risas, el *amor* de mis nietos..."
El corazón de Micimaus sintió un vuelco. Comprendió que el sonido triste que había escuchado era el de un corazón apagándose. No podía permitir que Doña Emilia estuviera triste. ¡Debía hacer algo!
Micimaus pensó y pensó. Recordó que su abuela, la ratona más sabia del pueblo, guardaba un libro de *mícimaus*, ¡perdón!, de remedios caseros. Quizás allí encontraría algo para el corazón de Doña Emilia. Corrió a su madriguera, rebuscó entre libros polvorientos y, ¡eureka!, encontró la página que buscaba: "Poción para el Corazón Alegre".
La receta decía: "Una pizca de sol, una cucharada de risa, dos puñados de recuerdos bonitos y una gran dosis de *amor* puro". ¡Fácil! pensó Micimaus, pero pronto se dio cuenta de que no sería tan sencillo. ¿Cómo conseguiría sol en un día nublado? ¿Cómo mediría la risa? ¿Y dónde encontraría recuerdos bonitos ya hechos?
Micimaus, con su pequeño *corazón* lleno de determinación, salió a la calle. Primero, buscó un rayito de sol entre las nubes. Cantó una canción alegre, moviendo su colita al ritmo. Su alegría contagió a una mariposa, que revoloteó y espantó una nube, dejando pasar un pequeño rayo de sol. ¡Una pizca de sol conseguida!
Luego, fue en busca de la risa. Vio a unos niños jugando a las canicas. Se acercó y, sin querer, tropezó con una canica gigante, haciendo que todos se rieran a carcajadas. ¡Una cucharada de risa lista!
Lo más difícil era encontrar recuerdos bonitos. Micimaus sabía que los recuerdos no se encontraban en un frasco, sino en el *corazón* de las personas. Así que volvió a casa de Doña Emilia y le pidió que le contara una historia feliz. Doña Emilia, con una sonrisa tenue, le contó sobre el día en que conoció a su esposo, sobre sus bailes bajo la luna y sobre las travesuras de sus nietos. Mientras hablaba, su *corazón* parecía latir un poco más fuerte.
Micimaus guardó cada palabra, cada sonrisa, cada brillo en los ojos de Doña Emilia en su pequeño *corazón*. ¡Ya tenía los recuerdos bonitos!
De vuelta en su madriguera, Micimaus preparó la poción. Mezcló la pizca de sol, la cucharada de risa, los dos puñados de recuerdos bonitos y, sobre todo, una gran dosis de *amor*. Llevó la poción a Doña Emilia y le dijo:
"Esta poción es para que tu *corazón* vuelva a saltar de alegría, Doña Emilia. Está hecha con todo mi *amor*."
Doña Emilia bebió la poción. Al principio, no sintió nada. Pero luego, una sonrisa se dibujó en su rostro, sus ojos brillaron y su *corazón* comenzó a latir con más fuerza. Se levantó de la mecedora, se quitó las *chanclas* y dijo:
"¡Micimaus, vamos a bailar!"
Micimaus y Doña Emilia bailaron toda la tarde. El *corazón* de Micimaus latía al ritmo de la música, *bum-bum, cha-cha-chá*, y el *corazón* de Doña Emilia latía al ritmo de la felicidad. Desde ese día, Doña Emilia y Micimaus se hicieron los mejores amigos, compartiendo risas, bailes y mucho *amor*. Y el *corazón* de Micimaus, el ratoncito DJ, siempre latía con alegría, sabiendo que había ayudado a otro *corazón* a volver a saltar.
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