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Gratis · elige una vozTito, con sus dos años recién cumplidos, era conocido en toda la casa como Tito Terremoto. No porque fuera malo, ¡para nada! Era pura energía, curiosidad y, bueno, un poquito de travesura. Sus papás, Sofía y Pablo, lo amaban con locura, aunque a veces suspiraban profundamente después de sus aventuras.
La mañana de su cumpleaños, Tito se despertó con una sonrisa que le abarcaba toda la cara. ¡Dos años! ¡Dos velitas para soplar! Se levantó de su cuna, intentando escalar por encima de la baranda (una aventura matutina que sus papás habían aprendido a anticipar). "¡Papá! ¡Mamá! ¡Cumple!" gritó con su vocecita aguda.
Sofía entró corriendo, seguida de Pablo, ambos con caras de sueño pero llenas de alegría. "¡Feliz cumpleaños, mi pequeño terremoto!" exclamó Sofía, abrazándolo con fuerza. Pablo le dio un beso en la frente y lo levantó en el aire. "¡Dos años! ¡Estás enorme!"
Después de un desayuno lleno de puré de plátano (la especialidad de Tito, aunque terminaba más en su cara y en el suelo que en su boca) y una canción de cumpleaños cantada a grito pelado, llegó el momento de los regalos. Tito, con los ojos brillantes, rasgó el papel de regalo de un coche de bomberos rojo chillón. "¡Buum! ¡Buum!" gritó, corriendo por toda la sala, simulando apagar incendios imaginarios.
Luego, descubrió un libro de animales con sonidos. Apretó cada botón una y otra vez, imitando el mugido de la vaca, el ladrido del perro y el maullido del gato. Sofía y Pablo se miraron con una sonrisa cómplice. Sabían que tendrían que esconder el libro en algún momento para poder tener un poco de paz y tranquilidad.
Pero la verdadera aventura del día comenzó después de la siesta. Sofía estaba preparando la tarta de cumpleaños, una tarta de chocolate con dos velitas brillantes. Pablo había salido al jardín a inflar globos de colores.
Tito, en su afán de ayudar (o más bien, de explorar), entró en la cocina. Vio el gran cuenco con la masa de chocolate y, sin pensarlo dos veces, metió sus manitas. "¡Chocolate!" exclamó, llenándose la cara, el pelo y la ropa de masa pegajosa.
Sofía, al verlo, no pudo evitar reírse. Tito parecía un pequeño monstruo de chocolate. "¡Tito! ¡Mira cómo estás!" dijo, intentando limpiarle la cara con un paño. Pero Tito, en lugar de dejarse limpiar, corrió hacia el salón, dejando un rastro de huellas de chocolate por todas partes.
En el salón, encontró a Pablo terminando de inflar los globos. Tito, fascinado por los colores brillantes, intentó agarrar uno. Pero en su entusiasmo, tropezó y cayó sobre Pablo, derribándolo y haciendo que todos los globos salieran volando por la ventana.
La escena era caótica pero divertida. Pablo, cubierto de globos y abrazado a Tito, se reía a carcajadas. Sofía, con la cara llena de chocolate, también se unió a la risa. Tito, aunque no entendía muy bien qué pasaba, sonreía feliz al ver a sus papás reír.
Después de un buen baño (y una buena limpieza general de la casa), llegó el momento de la fiesta. Los abuelos, los tíos y algunos amiguitos de Tito llegaron para celebrar su cumpleaños. Había música, juegos y, por supuesto, ¡la tarta de chocolate!
Tito, con su traje de cumpleaños (limpio y reluciente, al menos por un rato), sopló las dos velitas con todas sus fuerzas. Aplausos y vítores llenaron la habitación. Luego, se lanzó sobre la tarta, comiendo chocolate con las manos y embadurnando a todos los que se acercaban.
Al final del día, Tito estaba exhausto pero feliz. Se acurrucó en los brazos de Sofía, mientras Pablo le leía un cuento. Sus ojitos se cerraron poco a poco, soñando con coches de bomberos, animales que hacen ruido y, por supuesto, ¡chocolate!
Sus papás lo miraban con ternura. Sabían que Tito Terremoto les daba mucho trabajo, pero también les llenaba la vida de alegría, amor y muchas, muchas risas. Y, sobre todo, les recordaba cada día lo maravilloso que era tener un hijo como él.
Y aunque sabían que el próximo año sería aún más movido, estaban deseando vivir todas las nuevas aventuras junto a su pequeño terremoto. Porque al final, eso era lo que importaba: estar juntos, reír juntos y amar juntos. ¡Feliz cumpleaños, Tito Terremoto!
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