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Gratis · elegí una vozEra lunes. No un lunes cualquiera, sino el último lunes de junio. ¡La última semana de clases! Para muchos niños, significaba alegría y vacaciones. Para Sofía, significaba… ¡dictado! Y no un dictado fácil, no señor. Era el dictado final, el que contaba doble para la nota de Lengua.
Sofía se despertó con un nudo en el estómago. El sol ya pegaba fuerte a través de las cortinas. ¡Qué calor! Pensó que sería un día infernal. Se levantó, se vistió y bajó a desayunar. Su mamá le preparó su tostada favorita con mermelada de fresa, pero Sofía apenas pudo comerla. Estaba demasiado nerviosa por el dictado.
“Tranquila, cariño,” le dijo su mamá, acariciándole el pelo. “Has estudiado mucho. Seguro que te sale genial.”
Sofía asintió, pero por dentro seguía sintiendo ese nudo apretado. Cogió su mochila y salió a la calle. El calor era sofocante. Parecía que el asfalto se derretía bajo sus pies. Llegó a la escuela sudando la gota gorda.
En clase, el ambiente era tenso. Todos los niños estaban sentados en sus pupitres, esperando con impaciencia a la señorita Elena. Cuando la profesora entró en el aula, se hizo el silencio. La señorita Elena sonrió.
“Buenos días, clase,” dijo con su voz dulce. “Hoy es un día importante. Es el último dictado del curso, ¡y ya sabéis lo que eso significa! Pero no os preocupéis, estoy segura de que todos lo haréis muy bien. Relajaos, respirad hondo y escuchad atentamente.”
Sofía cerró los ojos e intentó relajarse. Respiró hondo, como le había dicho la señorita Elena. Pero seguía sintiendo ese cosquilleo en el estómago. La profesora empezó a dictar.
“El valiente caballero…” comenzó la señorita Elena. Sofía escribió rápidamente. “...cabalga a través del bosque encantado…” Siguió escribiendo, esforzándose por no cometer ninguna falta. El calor era insoportable. El sudor le resbalaba por la frente y le caía en el cuaderno.
“...en busca del tesoro escondido…” Sofía se mordió el labio. ¿Era “escondido” con hache o sin hache? Dudó por un momento, pero al final decidió escribirlo sin hache.
La señorita Elena continuó dictando. Sofía se concentró al máximo, intentando ignorar el calor y los nervios. Cuando la profesora terminó, Sofía suspiró aliviada. Había terminado el dictado. Ahora solo quedaba esperar el resultado.
Después del dictado, la clase se volvió un caos. Todos los niños hablaban a la vez, comentando las palabras difíciles y comparando sus respuestas. Sofía se quedó en su sitio, esperando a que la señorita Elena recogiera los dictados.
“¿Cómo te ha ido, Sofía?” le preguntó su amiga Lucía.
“No lo sé,” respondió Sofía, encogiéndose de hombros. “Creo que bien, pero no estoy segura. Había algunas palabras difíciles.”
“Yo creo que te ha salido genial,” dijo Lucía, sonriéndole. “Eres muy buena en Lengua.”
Sofía le devolvió la sonrisa. Esperaba que Lucía tuviera razón.
La señorita Elena recogió los dictados y les dijo a los niños que podían salir al patio. Sofía y Lucía salieron corriendo al patio. El calor seguía siendo sofocante, pero a Sofía ya no le importaba tanto. Había terminado el dictado, ¡y eso era lo que importaba!
Pasaron los días y finalmente llegó el viernes, el último día de clase. La señorita Elena entró en el aula con una pila de exámenes en la mano. Todos los niños estaban ansiosos por saber sus notas.
“Buenos días, clase,” dijo la señorita Elena. “Tengo vuestros dictados corregidos. Quiero felicitaros a todos por vuestro esfuerzo. Habéis trabajado muy duro este año.”
La profesora empezó a repartir los exámenes. Sofía sintió que el corazón le latía a mil por hora. Finalmente, la señorita Elena pronunció su nombre.
“Sofía, ¡felicidades! Has sacado un diez.”
Sofía no se lo podía creer. ¡Un diez! ¡Había sacado la nota máxima en el dictado final! Se sintió tan feliz que casi se echó a llorar.
“¡Enhorabuena, Sofía!” le dijo Lucía, abrazándola.
Sofía sonrió. Había superado el dictado supercaluroso del último lunes de junio. ¡Y ahora podía disfrutar de las vacaciones con una sonrisa de oreja a oreja! Esa tarde, Sofía celebró el fin de curso con sus amigos comiendo helado y jugando en el parque. El calor ya no le molestaba tanto. ¡Las vacaciones habían comenzado! Y Sofía sabía que serían unas vacaciones inolvidables. El lunes, el dictado, el calor... todo había valido la pena.
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