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Hugo era un niño muy despierto y lleno de energía. Sus días estaban llenos de aventuras con sus coches de carreras y sus trenes que recorrían el salón a toda velocidad. ¡Le encantaba jugar! Pero Hugo no solo era un gran conductor y maquinista, también era un niño muy responsable y siempre estaba dispuesto a ayudar en casa.
Su actividad favorita era ayudar a su papá en la cocina. Le fascinaba el olor de las especias y la magia que ocurría cuando los ingredientes se combinaban para crear deliciosos platos. A Hugo le encantaba pelar patatas con el pelador pequeño, sintiéndose importante al contribuir a la comida familiar. También le gustaba mucho preparar la ensalada. Con cuidado, lavaba las lechugas, cortaba los tomates cherry por la mitad y agregaba pepino en rodajas. ¡La ensalada de Hugo siempre era la más apetitosa!
Pero si había una cosa que Hugo hacía mejor que nadie, era la pizza. Desde que era muy pequeño, observaba a su papá hacer la masa, y ahora, con solo seis años, era un maestro pizzero en potencia.
Un sábado por la tarde, Hugo le dijo a su papá: "¡Papá, hoy quiero hacer pizza! ¡Yo solito!"
El papá de Hugo sonrió. Sabía lo mucho que le gustaba hacer pizza, y también sabía lo capaz que era su hijo. "¡Claro que sí, Hugo! Yo te ayudo con lo que necesites", respondió.
Hugo se puso manos a la obra. Primero, se lavó las manos con agua y jabón, asegurándose de que estuvieran bien limpias. Luego, con la ayuda de su papá, preparó los ingredientes: harina, agua tibia, levadura, un poquito de sal y aceite de oliva.
Con mucha concentración, Hugo mezcló todos los ingredientes en un bol grande. Al principio, la masa estaba pegajosa, pero poco a poco, a medida que la amasaba con sus pequeñas manos, se fue volviendo suave y elástica. ¡Era como magia!
"¡Ya está lista!", exclamó Hugo, mostrando la masa a su papá.
El papá de Hugo asintió con orgullo. "¡Perfecto, Hugo! Ahora la dejamos reposar un ratito para que crezca", dijo.
Mientras la masa reposaba, Hugo preparó la salsa de tomate. Abrió una lata de tomates pelados y los trituró con un tenedor. Luego, añadió un poco de ajo en polvo, orégano, sal y pimienta. ¡El aroma era delicioso!
Después de un rato, la masa había crecido y estaba lista para ser estirada. Hugo espolvoreó un poco de harina sobre la mesa y, con un rodillo pequeño, comenzó a estirar la masa con cuidado. Le gustaba hacerla redonda y fina, como las pizzas de verdad.
"¡Ahora viene la mejor parte!", dijo Hugo, con una sonrisa traviesa.
Con una cuchara, extendió la salsa de tomate sobre la masa, dejando un borde libre alrededor. Luego, espolvoreó generosamente queso mozzarella rallado por encima. ¡La pizza de Hugo se veía cada vez más apetitosa!
"¿Qué le ponemos de ingredientes?", preguntó el papá de Hugo.
Hugo pensó por un momento. "¡Champiñones y aceitunas!", respondió.
Así que, cortaron unos champiñones en láminas finas y los colocaron sobre la pizza, junto con unas aceitunas negras sin hueso.
"¡Lista para el horno!", exclamó Hugo, orgulloso de su creación.
Con la ayuda de su papá, metieron la pizza en el horno precalentado. El aroma que salía del horno era irresistible. Hugo no podía esperar a probar su pizza.
Después de unos minutos, la pizza estaba dorada y burbujeante. El queso se había derretido y los champiñones estaban cocinados. ¡Era una obra de arte!
Con cuidado, el papá de Hugo sacó la pizza del horno y la colocó sobre una tabla de madera. Hugo la cortó en porciones con un cortador de pizza.
"¡A comer!", gritó Hugo, invitando a su familia a probar su pizza.
Todos probaron la pizza de Hugo y quedaron encantados. ¡Estaba deliciosa! La masa estaba crujiente, la salsa de tomate era sabrosa y los ingredientes estaban en su punto justo.
"¡Está buenísima, Hugo!", dijo su mamá.
"¡Eres un gran chef!", añadió su hermana mayor.
Hugo se sintió muy feliz y orgulloso. Le encantaba cocinar para su familia y ver cómo disfrutaban de su comida. Esa noche, Hugo se fue a la cama soñando con nuevas recetas y con la idea de convertirse en un famoso chef cuando fuera grande. Sabía que, con práctica y dedicación, podría lograr cualquier cosa que se propusiera. Y así, Hugo, el pequeño chef pizzero, continuó cocinando y aprendiendo, llenando su hogar de aromas deliciosos y de momentos felices.
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