Escucha este cuento
Gratis · elige una vozJuan trabajaba en Save the Children. Le encantaba ver las sonrisas de los niños y las niñas, y su trabajo le permitía hacer precisamente eso. Un día, Juan tuvo una gran idea: ¡organizar una feria! No una feria cualquiera, sino una feria llena de juegos, colores y alegría para más de cien niños y niñas.
La emoción lo invadía al pensar en las carreras de sacos, los puestos de pintura de caras y los deliciosos algodones de azúcar. Pero antes de dejarse llevar por la emoción, Juan hizo algo muy importante. Se sentó en su escritorio, con una taza de té caliente, y comenzó a pensar. No pensó en los juegos, ni en el lugar, ni siquiera en cuántos algodones de azúcar necesitaría. Pensó en la seguridad.
"No basta con invitar a niñas y niños", se decía Juan. "Hay que cuidarlos antes, durante y después".
Primero, Juan pensó en las salidas de emergencia. ¿Qué pasaría si lloviera torrencialmente? ¿O si alguien se lastimaba? Dibujó un mapa del lugar donde se celebraría la feria y marcó claramente las salidas. Se aseguró de que hubiera suficientes voluntarios que supieran qué hacer en caso de emergencia. También preparó un botiquín de primeros auxilios con todo lo necesario: vendas, gasas, alcohol y, por supuesto, tiritas con dibujos de animalitos.
Luego, Juan pensó en el sol. Una feria al aire libre era fantástica, pero el sol podía ser peligroso. Decidió que era fundamental tener muchos lugares con sombra. Habló con el ayuntamiento para que le prestaran grandes toldos y carpas. Además, pidió a los voluntarios que recordaran a los niños y niñas que usaran protector solar y que bebieran mucha agua. "¡Protegerse del sol es tan importante como divertirse!", les recordaba.
Juan también se preocupó por quiénes atenderían a las personas en la feria. Necesitaba personas amables, respetuosas y, sobre todo, pacientes. Seleccionó cuidadosamente a los voluntarios, eligiendo a aquellos que tenían experiencia trabajando con niños y niñas. Les dio una charla sobre cómo tratar a todos con cariño y comprensión. Les recordó que cada niño y niña es diferente y que algunos podrían necesitar un poco más de atención que otros.
Pero Juan sabía que no todo es físico. También era importante cuidar las emociones. Por eso, creó un "espacio de apoyo emocional". Era una zona tranquila, alejada del bullicio de la feria, donde los niños y niñas podían ir si se sentían tristes, asustados o abrumados. Allí, voluntarios capacitados estarían disponibles para escuchar y ofrecer consuelo. Había cojines suaves, libros para colorear y música relajante.
"A veces, solo necesitamos un lugar seguro para expresar nuestros sentimientos", pensaba Juan.
Finalmente, después de semanas de planificación meticulosa, llegó el día de la feria. El sol brillaba, la música sonaba y el aire se llenaba de risas. Más de cien niños y niñas corrían, jugaban y se divertían. Juan observaba todo con una sonrisa de oreja a oreja.
Vio a María, una niña tímida que al principio se había quedado cerca de su mamá, participando ahora en una carrera de sacos con una gran sonrisa. Vio a Carlos, un niño que se había caído y raspado la rodilla, recibiendo una tirita de animalitos y una palmadita reconfortante en la espalda. Vio a Sofía, una niña que se sentía un poco abrumada por el ruido, sentada tranquilamente en el espacio de apoyo emocional, coloreando un dibujo.
Todo estaba saliendo según lo planeado. La feria no solo era colorida y divertida, también era segura. Juan se sentía orgulloso de su trabajo. Sabía que había hecho todo lo posible para proteger a los niños y niñas y a sus familias. Al final del día, cuando los últimos niños y niñas se marchaban, Juan suspiró profundamente. Estaba cansado, pero feliz. Había creado un espacio donde los niños y niñas podían ser niños y niñas, sin preocupaciones ni miedos.
Y esa, pensó Juan, era la mejor recompensa de todas. La Feria Segura de Juan fue un éxito rotundo, y todos esperaban con ansias la siguiente edición. Juan ya estaba pensando en nuevas ideas y en cómo hacerla aún más segura y divertida. Porque para Juan, la seguridad de los niños y niñas era siempre lo primero.
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