Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozHabía una vez, en una pequeña casa con tejado de color teja y ventanas siempre abiertas al jardín, una gatita llamada Luna. Luna era tan blanca como la espuma del mar y tenía unos ojos verdes que brillaban como dos pequeñas esmeraldas bajo la luz del sol. Pero a diferencia de sus hermanos, que pasaban el día persiguiendo ovillos de lana o cazando moscas imaginarias, Luna tenía una obsesión muy especial: la luna.
Cada noche, cuando el sol se escondía tras las colinas y el cielo se teñía de un azul profundo y aterciopelado, Luna se sentaba en el alféizar de la ventana. Observaba con fascinación cómo esa gran esfera plateada aparecía lentamente. Para la pequeña gatita, la luna no era un satélite ni una roca lejana; ella estaba convencida de que era un enorme cuenco de leche fresca, puesto allí por algún gigante bondadoso para alimentar a los gatos del universo.
Una noche de verano, cuando la luna brillaba con una intensidad casi cegadora, Luna decidió que ya había esperado suficiente. —Esta noche —maulló para sí misma con determinación—, probaré esa leche de plata.
Saltó con agilidad desde la ventana al césped húmedo del jardín. El mundo nocturno era muy distinto al de día. Las flores de jazmín desprendían un aroma dulce y embriagador, y los grillos formaban una orquesta invisible entre las briznas de hierba. Luna caminó hacia la valla de madera, pensando que desde allí estaría más cerca. De un salto, se situó en lo más alto, pero al estirar su patita blanca, se dio cuenta de que la luna seguía estando frustrantemente lejos.
—Necesito algo más alto —pensó. Entonces, sus ojos se posaron en el Viejo Roble, un árbol centenario que se alzaba en el centro del jardín y cuyas ramas parecían acariciar las nubes.
Con las uñas bien afiladas, Luna comenzó a trepar. El tronco era rugoso y olía a tierra y a tiempo. A medida que subía, el viento soplaba con más fuerza, agitando su pelaje blanco. A mitad de camino, se detuvo para recuperar el aliento y se encontró con dos ojos amarillos y redondos que la observaban desde un hueco en el tronco. Era Bernabé, el búho sabio.
—¿A dónde vas con tanta prisa, pequeña caminante de tejados? —preguntó Bernabé con voz profunda.
—Voy a beber del cuenco de plata —respondió Luna con orgullo—. Si subo a la rama más alta, estoy segura de que podré alcanzarlo.
Bernabé soltó un ulular que sonaba muy parecido a una risa amable. —Ah, pequeña Luna. La luna es hermosa, pero no es de leche. Es una luz que guía a los que viajan en la oscuridad, un faro para los que sueñan. No puedes tocarla con tus patas, pero puedes sentir su brillo en tu corazón.
Luna se quedó pensativa, pero su curiosidad era más fuerte que los consejos del búho. Siguió subiendo hasta que las ramas se volvieron tan finas que se balanceaban con su peso. Desde allí, la vista era maravillosa. Podía ver todo el pueblo, las luces de las casas como pequeñas luciérnagas atrapadas y el río que serpenteaba como una cinta de papel de plata. La luna se veía inmensa, pero por más que Luna se puso de puntillas sobre la rama más alta, el cuenco de plata seguía inalcanzable en la inmensidad del firmamento.
De repente, una nube pasajera cubrió la luna y el jardín se sumió en la penumbra. Luna sintió un escalofrío. Se dio cuenta de lo alto que estaba y de lo pequeña que era. Empezó a descender con cuidado, sintiendo un poco de tristeza. Al llegar al suelo, se acercó al estanque de los peces de colores. Allí, sobre la superficie del agua tranquila, vio algo increíble: ¡la luna estaba allí mismo! Redonda, brillante y perfecta.
Luna se acercó con cautela y lamió el agua. Estaba fresca y clara. En ese momento comprendió lo que Bernabé quería decir. La luna no era para comerla o beberla, sino para admirar su reflejo y dejar que su luz iluminara sus aventuras. La gatita regresó a su casa, saltó de nuevo a su ventana y se acurrucó en su cesta de mimbre.
Mientras cerraba sus ojos verdes, sintió cómo un rayo de luz plateada entraba por el cristal y acariciaba su lomo. Ya no necesitaba alcanzar la luna, porque sabía que, cada noche, la luna bajaría a visitarla en sus sueños, convirtiendo su pelaje blanco en pura plata. Y así, con el corazón lleno de luz, la pequeña gatita se quedó profundamente dormida.
¿Te gustó el cuento?
Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.
¿Y si el protagonista fuera tu peque?
El cuento de la semana
Un cuento gratis cada semana. Sin spam, te das de baja con un clic.
¿Te gustó este cuento?
Crea un cuento donde tu hijo o hija sea el héroe
Gratis y listo en uno o dos minutos. Escribe su nombre y una idea: nosotros lo escribimos y lo ilustramos.
Crear su cuento gratisGratis · Tu primer cuento, sin registrarte
Herramientas del Cuento
Tu hijo es el héroe
Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista
Descargar como PDF
Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir
Gratis
Diploma de lectura
Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.
Gratis
Regalar este cuento
Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.
Gratis
Insertar en tu blog o aula virtual
Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.
Gratis
Agregar preguntas de comprensión
Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario
Crear quiz de comprensión lectora
Preguntas de opción múltiple sobre este cuento
Crear página para colorear e imprimir
Dibujo en blanco y negro listo para el aula
Traducir cuento
Traducir a otro idioma preservando el estilo
Editar cuento
Modificar la historia con instrucciones específicas
Reescribir para niños más pequeños
Vocabulario más simple, oraciones más cortas
Reescribir para niños más grandes
Vocabulario más rico, mayor complejidad
Regenerar ilustraciones
Mantener el texto, generar nuevas imágenes
Crear mi Cuentito
¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!
Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.
Crear mi CuentitoCuentitos que también podrían gustarte

El jardín de las emociones
En el pequeño pueblo de Martín, Sofía y Lucas, descubren un jardín mágico lleno de plantas que representan diferentes emociones. Aprenden a cuidar sus propias emociones y ayudar a los demás a hacerlo también.

Héroes de la Naturaleza
Tres hermanos aprenden la importancia de cuidar el medio ambiente al salvar a un pájaro y un zorro, convirtiéndose en héroes locales.

El misterio del tiempo perdido
Lucía y su perro Pongo se pierden en una casa abandonada, donde descubren relojes antiguos que los llevan a explorar distintas habitaciones y encontrar la salida.

Manu y el desafío de Godzilla
Un niño valiente llamado Manu enfrenta a Godzilla para proteger su ciudad, demostrando que el coraje supera cualquier desafío.

Los programadores curiosos
Tres amigos curiosos descubren el fascinante mundo del software de computadoras, aprendiendo y creando juntos sus propios programas.

El Duende del Bosque Encantado
Tres estudiantes descubren a un solitario duende en el bosque encantado y prometen visitarlo todas las semanas, pero pronto deberán luchar contra un malvado troll para salvarlo.

El reloj mágico
Tomás, un joven solitario, viaja en el tiempo a través de un reloj mágico y aprende valiosas lecciones sobre la vida mientras hace amistad con una niña llamada Ana.

Naiara y la potranca salvaje
Naiara descubre clases de equitación y se convierte en una experta jinete, rescatando a una potranca perdida en el proceso.

Cristales Brillantes en el Bosque
Cuatro primos exploran el bosque y se enfrentan a un zorro hambriento, pero gracias a la astucia de Margarita, encuentran una cueva llena de cristales brillantes y aprenden sobre la importancia del trabajo en equipo y cuidado del medio ambiente.
Explora libros y crea historias
Puedes crear historias en libros existentes, crear tus propios libros con personajes o escribir historias independientes.



