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Luzberta amaba visitar a su abuela Agripina. La casa de la abuela era… ¡especial! En el centro del salón, en lugar de una pared normal, había una pared llena, ¡LLENA! de botones. Botones rojos, azules, verdes, con lunares, con estrellas… Cada uno hacía algo absolutamente disparatado.
Un botón hacía que el espejo cantara ópera (¡muy mal, por cierto!). Otro hacía que la tetera contara chistes (¡siempre los mismos!). Y uno más hacía que los calcetines de la abuela salieran volando por la ventana para saludar a los pájaros.
"¡Abuela, me encanta tu pared de botones!", exclamó Luzberta, con los ojos brillantes como dos canicas.
La abuela Agripina sonrió, mostrando sus dientes un poco chuecos. "A mí también, mi niña. Pero hay un botón al que debes tener mucho, ¡MUCHO! cuidado."
Luzberta se acercó a la pared y escudriñó. Entre un botón que hacía crecer flores de chocolate y otro que convertía el agua en jugo de frambuesa, encontró uno que decía, en letras grandes y rojas: "¡TOCAR SOLO EN EMERGENCIA!".
"¿Qué hace este botón, abuela?", preguntó Luzberta, con un poquito de miedo en la voz.
"¡Oh, ese!", dijo la abuela, con una mirada misteriosa. "Ese botón activa el… ¡MODO BAILE DE EMERGENCIA! Si lo tocas, toda la casa se volverá loca. Los electrodomésticos bailarán, las luces parpadearán como luciérnagas en un concierto de rock, y… ¡bueno, será un caos!".
Luzberta prometió no tocar el botón. ¡Prometido, prometido, requeteprometido! Pero… ¿quién puede resistirse a un botón que dice "¡TOCAR SOLO EN EMERGENCIA!"? Sobre todo, una niña curiosa como Luzberta.
Al día siguiente, mientras la abuela Agripina preparaba buñuelos en la cocina (con la ayuda de un botón que pelaba las manzanas automáticamente), Luzberta se quedó sola en el salón. La pared de botones la llamaba, la tentaba, la hipnotizaba…
"Es solo… un pequeño toque", pensó Luzberta. "Para ver qué pasa…".
¡Y lo tocó! ¡PLOP!
Inmediatamente, la casa se convirtió en una discoteca andante. La lámpara del techo empezó a girar como una bailarina de ballet, el refrigerador sacudió sus puertas al ritmo de una cumbia loca, y la aspiradora, ¡sí, la aspiradora!, se puso a bailar breakdance en el suelo.
"¡Ay, no!", gritó Luzberta. "¡El Modo Baile de Emergencia!".
La abuela Agripina salió corriendo de la cocina, con la cara cubierta de harina. "¡Luzberta! ¿Qué has hecho?".
"¡Lo siento, abuela! ¡Toqué el botón!", gimió Luzberta.
"¡Ay, caramba!", exclamó la abuela. "Para apagar el Modo Baile de Emergencia, hay que hacer… ¡el Baile de la Berenjena Voladora!".
"¿El Baile de la Berenjena Voladora? ¿Qué es eso?", preguntó Luzberta, mirando a un tostador que hacía la ola.
"¡Es un baile muy loco!", dijo la abuela. "Tienes que moverte como una berenjena que intenta volar. ¡Muévete así!"
La abuela Agripina empezó a saltar, moviendo los brazos como si fueran alas y haciendo ruidos de berenjena. Luzberta la miró, un poco confundida, pero luego se unió al baile.
Saltaron, se agacharon, movieron los brazos y las piernas, imitando a una berenjena torpe que intentaba alzar el vuelo. El refrigerador hacía ruidos de aplausos, la lámpara proyectaba luces de colores sobre sus caras, y la aspiradora intentaba darles un abrazo con su manguera.
Pero el Modo Baile de Emergencia no se apagaba. Luzberta y su abuela bailaron y bailaron, pero la casa seguía siendo una fiesta de electrodomésticos descontrolados.
"¡No funciona!", gritó Luzberta, exhausta.
"¡Espera!", dijo la abuela, con una chispa en los ojos. "¡Falta algo! ¡Hay que añadirle… el paso del espagueti resbaladizo!".
La abuela Agripina se tiró al suelo y empezó a moverse como un espagueti resbaloso, retorciéndose y arrastrándose por el suelo. Luzberta, aunque un poco avergonzada, la imitó. Se tiró al suelo y empezó a retorcerse como un espagueti loco.
Y entonces, ¡PLAF! De repente, todo se detuvo. La lámpara dejó de girar, el refrigerador se quedó quieto, la aspiradora se detuvo en seco. La casa volvió a la normalidad, pero con una capa de polvo extra y un tostador mareado.
Luzberta y la abuela Agripina se levantaron, jadeando y riendo.
"¡Lo logramos!", gritó Luzberta.
"¡Sí!", dijo la abuela. "¡El Baile de la Berenjena Voladora con el paso del espagueti resbaladizo es infalible!".
Luzberta prometió, esta vez de verdad, ¡DE VERDAD DE VERDAD!, no volver a tocar el botón de "¡TOCAR SOLO EN EMERGENCIA!". Aunque, en secreto, pensaba que el Baile de la Berenjena Voladora era bastante divertido.
Desde ese día, cada vez que Luzberta visitaba a su abuela, miraba la pared de botones con respeto… y un poquito de ganas de bailar.
*FIN*
**Final Alternativo:**
En lugar de apagar el botón con el baile, Luzberta se da cuenta de que la radio, que también está bailando, está sintonizada en una frecuencia muy alta. Rápidamente, Luzberta cambia la frecuencia a una canción de cuna muy suave. La música calmante hace que todos los electrodomésticos se duerman instantáneamente, apagando el modo de baile de emergencia.
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