Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozRayo Moqueén no era un niño común. Bueno, sí lo era, excepto por una cosa: ¡estornudaba rayos! No rayos de verdad, por supuesto, sino pequeños rayos de luz que hacían cosquillas y a veces, muy a veces, hacían que las cosas flotaran un poquito. Un día, Rayo estaba jugando en el jardín cuando escuchó un sollozo. Siguió el sonido hasta el borde del Bosque de los Deseos Perdidos, un lugar donde, según decían los cuentos, los deseos olvidados se iban a refugiar.
Allí, sentada en una seta gigante, estaba la Princesa Lila, con un vestido brillante lleno de polvo de hadas y lágrimas en los ojos. "¿Qué te pasa, Princesa?", preguntó Rayo, limpiándose la nariz con la manga de su camiseta de Batman. Sí, Rayo Moqueén era un gran fan de Batman.
"¡He perdido mi varita mágica!", gimió la Princesa. "Sin ella, no puedo hacer que florezcan las flores para la fiesta del Reino Arcoíris. ¡La Reina Hada estará muy decepcionada!".
Rayo Moqueén pensó un momento. Estornudar rayos no era exactamente lo mismo que tener una varita mágica, pero quizás podría ayudar. "¡No te preocupes, Princesa! ¡Batman – digo, Rayo Moqueén – te ayudará a encontrarla!".
La Princesa Lila sonrió un poco a través de las lágrimas. "¿De verdad crees que puedes? El Bosque de los Deseos Perdidos es muy grande y está lleno de… cosas olvidadas".
"¡Precisamente!", exclamó Rayo. "Quizás mi estornudo-rayo pueda iluminar el camino". Y así, Rayo Moqueén y la Princesa Lila se adentraron en el bosque. Era un lugar extraño, lleno de juguetes rotos, sombreros descoloridos y libros con las páginas amarillentas. Cada objeto parecía susurrar una historia de un deseo que ya no era importante para nadie.
De repente, la Princesa Lila tropezó con una muñeca de porcelana. "¡Ay!", exclamó. Rayo Moqueén se agachó para ayudarla a levantarse. Justo cuando lo hacía, sintió un cosquilleo en la nariz. "¡Achu!", estornudó, y un pequeño rayo de luz salió disparado, iluminando un rincón oscuro del bosque. Allí, brillando tenuemente entre un montón de hojas secas, estaba la varita mágica de la Princesa Lila.
"¡La encontraste!", gritó la Princesa, abrazando a Rayo Moqueén. "¡Eres increíble!". La Princesa intentó usar la varita pero nada pasó. Ella miró a Rayo con tristeza. "No funciona", dijo.
Rayo Moqueén se rascó la cabeza. "Hmm… ¿quizás necesita un poco de… eh… energía de estornudo-rayo?". La Princesa Lila lo miró con incredulidad. Rayo se concentró, sintió el cosquilleo en la nariz y… ¡Achu! Un rayo de luz golpeó la varita mágica. De repente, la varita brilló con una luz intensa y la Princesa Lila sonrió. "¡Funciona!", exclamó. "¡Gracias, Rayo Moqueén! ¡Has salvado la fiesta del Reino Arcoíris!".
Pero la aventura no había terminado. Mientras regresaban por el bosque, Rayo Moqueén notó algo. Todos los objetos olvidados parecían… tristes. "Princesa", dijo, "¿qué pasa con todos estos deseos perdidos? ¿No podemos hacer algo para ayudarlos?".
La Princesa Lila pensó un momento. "Tienes razón, Rayo. Quizás… quizás si les recordamos a las personas que los desearon…". Entonces, la Princesa Lila usó su varita mágica, ahora llena de energía de estornudo-rayo, para enviar pequeños destellos de luz a las personas que una vez habían deseado esos objetos. Una niña recordó su muñeca de porcelana y sintió un deseo repentino de jugar con ella. Un anciano recordó su sombrero descolorido y sonrió al recordar las aventuras que había vivido con él. Y así, poco a poco, los deseos perdidos comenzaron a regresar a sus dueños.
Cuando Rayo Moqueén y la Princesa Lila salieron del Bosque de los Deseos Perdidos, el lugar ya no parecía tan triste. Estaba lleno de una nueva energía, la energía de los recuerdos y los deseos renovados. La Reina Hada recibió a la Princesa Lila con alegría y la fiesta del Reino Arcoíris fue un gran éxito. Rayo Moqueén, vestido con su camiseta de Batman, se sintió más feliz que nunca. Había ayudado a una princesa, salvado una fiesta y, lo más importante, había hecho que el Bosque de los Deseos Perdidos volviera a ser un lugar mágico. Y todo gracias a su estornudo-rayo. Desde ese día, Rayo Moqueén siguió explorando el mundo, siempre listo para ayudar a quien lo necesitara, con un estornudo y una sonrisa. Sabía que incluso el poder más extraño podía ser usado para hacer el bien, ¡incluso si ese poder venía de un estornudo!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pero Rayo Moqueén y sus aventuras, ¡apenas están comenzando!
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