Escucha este cuento
Gratis · elige una vozA veces, mi cuerpo se siente un poquito… ¡ñe! Como un calcetín arrugado después de un largo día. Y ¿sabes qué? ¡Eso está bien! A veces, todos nos sentimos un poquito raros.
Imagina que estás sentado en el salón, escuchando una historia. O quizás estás intentando concentrarte en dibujar un cohete espacial súper veloz. De repente, ¡boom! Tu cuerpo empieza a sentirse inquieto. Como si tuviera pequeños bichitos haciéndole cosquillas por dentro.
Puede que sientas que necesitas mover las piernas, como si estuvieran bailando una cumbia secreta. O tal vez te dan ganas de apretar algo fuerte, como un osito de peluche que necesita mucho cariño. ¡Incluso puede que te den ganas de gritar! No un grito de enfado, sino un grito como el de un Tarzán explorando la jungla… ¡Aaaaaah!
Otras veces, la inquietud se siente diferente. Puede que te sientas molesto, como si alguien te hubiera quitado tu crayón favorito. O cansado, como un gatito que ha estado jugando todo el día al escondite. ¡Incluso puede que te sientas un poquito confundido, como si estuvieras intentando resolver un rompecabezas con las piezas mezcladas!
Es normal sentirse así a veces. ¡Todos los cuerpos son diferentes! Algunos son como volcanes chiquitos, que necesitan soltar un poquito de energía de vez en cuando. Otros son como ríos tranquilos, que fluyen suavemente. ¡Y todos son perfectos tal y como son!
Cuando mi cuerpo se siente inquieto, es como si me estuviera hablando. ¡Me está diciendo: “¡Necesito hacer algo para sentirme mejor!”
Así que, ¿qué hago? ¡Pues un montón de cosas divertidas! A veces, me levanto y bailo como un robot loco. ¡Bip, bop, whirr!
Otras veces, corro por el jardín como si fuera un guepardo persiguiendo su cena (¡pero solo persigo pompas de jabón, no animales de verdad!).
También me gusta saltar como un canguro en una cama elástica invisible. ¡Boing, boing, boing!
Y si no puedo moverme mucho, hago garabatos en un papel con colores brillantes. ¡Rojo, azul, verde, amarillo! ¡Un arcoíris de alegría!
A veces, simplemente respiro hondo, como un oso perezoso que se está tomando una siesta. ¡Inhala… exhala… qué paz!
O le doy un abrazo gigante a mi oso de peluche favorito, que siempre sabe cómo hacerme sentir mejor.
Lo importante es escuchar a tu cuerpo y encontrar algo que te haga sentir bien. Algo que te ayude a sacudir el inquieto.
Un día, estaba en clase y me sentía como un globo a punto de explotar. ¡Tenía tanta energía que no podía quedarme quieto! Empecé a mover los pies debajo de la mesa y a tamborilear con los dedos.
Mi maestra, la Señora Margarita, se dio cuenta de que estaba un poquito inquieto. En lugar de regañarme, me sonrió. “Parece que necesitas moverte un poquito, ¿verdad, Miguel?” me preguntó con una voz amable.
Yo asentí con la cabeza, un poquito avergonzado.
“¿Por qué no vas al final de la clase y haces diez saltos de estrella?” me sugirió. “Eso te ayudará a soltar un poquito de energía.”
¡Diez saltos de estrella! ¡Qué idea genial! Corrí al final de la clase y empecé a saltar con todas mis fuerzas. ¡Uno, dos, tres… diez! Me sentí mucho mejor. Como si hubiera soltado todo el aire de un globo.
Cuando volví a mi asiento, me sentía tranquilo y concentrado. ¡Pude terminar de dibujar mi cohete espacial sin problemas!
Desde ese día, aprendí que no hay nada de malo en sentirse inquieto a veces. Lo importante es encontrar maneras de sacudir el inquieto de una forma sana y divertida.
Así que, la próxima vez que tu cuerpo te diga: “¡Necesito moverme!”, no te preocupes. ¡Escúchalo! Baila, corre, salta, dibuja, respira hondo… ¡Encuentra tu propia manera de sacudir el inquieto y sentirte feliz y en paz!
Recuerda, tu cuerpo es como un amigo que siempre está contigo. ¡Escúchalo, cuídalo y diviértete con él! Y si alguna vez te sientes un poquito raro, ¡no te preocupes! Todos nos sentimos así a veces. ¡Lo importante es sacudir el inquieto y seguir adelante con una sonrisa!
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