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Gratis · elegí una vozEl sol brillaba fuerte, ¡era primavera! El jardín de la abuela Emilia estaba lleno de colores y olores maravillosos. Pequeña Sofía, con su vestido amarillo y su pelo rizado, corrió hacia el jardín. Su hermanito, Tomás, de solo un añito, la seguía gateando, ¡tan rápido como podía!
"¡Mira, Tomás! ¡Flores!", exclamó Sofía. Las flores eran de todos los colores: rojas, azules, amarillas… Parecían saludar al sol. La abuela Emilia salió a su encuentro, con una gran sonrisa.
"¡Hola, mis pequeños saltamontes!", dijo la abuela Emilia. "¿Listos para un poco de yoga en el jardín?"
Sofía y Tomás sonrieron. ¡Les encantaba hacer yoga con la abuela Emilia! Ella siempre inventaba juegos divertidos.
"Hoy, vamos a ser como las flores que crecen en primavera", anunció la abuela Emilia. "Primero, nos vamos a sentar como una… ¡semilla!" Sofía y Tomás se sentaron en el suelo, abrazando sus rodillas y escondiendo sus cabezas. Parecían pequeñas bolitas. La abuela Emilia les dijo: "¡Muy bien! Ahora, la semilla necesita agua y sol para crecer… ¡y también respiraciones profundas!" Todos tomaron aire profundamente por la nariz y lo soltaron lentamente por la boca.
"¡Siguiente paso!", dijo la abuela Emilia. "Vamos a convertirnos en un pequeño… ¡brote!" Sofía y Tomás se pusieron de rodillas, levantando un poquito sus cabezas y sus brazos hacia arriba. Parecían pequeñas plantitas intentando salir de la tierra. "¡Estirémonos hacia el sol!", animó la abuela. Ellos se estiraron lo más que pudieron, sintiendo cómo sus cuerpos se despertaban.
"¡Ahora, vamos a ser un… árbol!", anunció la abuela Emilia. Sofía se puso de pie y levantó un brazo hacia el cielo, mientras que el otro lo apoyaba en su muslo. Intentó mantener el equilibrio. Tomás, con la ayuda de la abuela, levantó un pie y lo apoyó en su pierna. ¡Era difícil, pero divertido! "¡Los árboles necesitan raíces fuertes!", recordó la abuela. "Así que, respiraciones profundas y ¡equilibrio!"
Después, la abuela Emilia les enseñó la postura del… ¡perro mirando hacia abajo! Sofía se puso a cuatro patas y levantó sus caderas hacia arriba, formando una V invertida con su cuerpo. Tomás intentó imitarla, gateando y levantando su trasero al mismo tiempo. La abuela Emilia rió. "¡Muy bien, Tomás! ¡Estás haciendo tu propia versión del perro! ¡Lo importante es estirar!"
"Y ahora, vamos a ser… ¡mariposas!", exclamó la abuela Emilia. Sofía y Tomás se sentaron en el suelo y juntaron las plantas de sus pies. Empezaron a mover sus rodillas hacia arriba y hacia abajo, como si fueran alas de mariposa. "¡Las mariposas vuelan libres y felices!", dijo la abuela. "¡Así que, vamos a sonreír y a disfrutar del sol!"
Después de las mariposas, la abuela Emilia les enseñó la postura del… ¡león! Sofía y Tomás se arrodillaron y pusieron sus manos en el suelo. Abrieron sus bocas lo más que pudieron y sacaron sus lenguas, haciendo un fuerte rugido: "¡Roar!" La abuela Emilia rió. "¡Qué leones tan feroces!"
Finalmente, la abuela Emilia les dijo: "Ahora, vamos a relajarnos como… ¡gatitos al sol!" Sofía y Tomás se tumbaron en el suelo, cerrando sus ojos. La abuela Emilia les acarició suavemente la espalda. "Respiraciones lentas y profundas… Sientan la calidez del sol… Escuchen el canto de los pájaros…", susurró la abuela. Sofía y Tomás se relajaron completamente, disfrutando de la paz y la tranquilidad del jardín.
Después de unos minutos, la abuela Emilia les dijo: "¡Despierten, mis pequeños gatitos!" Sofía y Tomás se levantaron, sintiéndose renovados y felices. El yoga en el jardín de primavera había sido un gran éxito.
"¡Gracias, abuela!", dijeron Sofía y Tomás al unísono. La abuela Emilia les abrazó. "De nada, mis amores. ¡Siempre es un placer compartir el yoga con ustedes! Y ahora, ¿quién quiere un poco de tarta de fresa?"
Sofía y Tomás gritaron de alegría. ¡La primavera era maravillosa! Y el yoga con la abuela Emilia, ¡aún más!
Después de la tarta, Sofía y Tomás ayudaron a la abuela a regar las flores. Cantaron canciones y rieron mucho. El jardín de primavera era el lugar perfecto para jugar, aprender y amar.
Cuando llegó la hora de irse, Sofía y Tomás abrazaron a la abuela Emilia con fuerza. "¡Volveremos pronto!", prometieron. La abuela Emilia les sonrió. "Los estaré esperando con los brazos abiertos y muchas posturas de yoga nuevas." Sabían que la primavera, y el yoga en el jardín, les esperaban.
Al llegar a casa, Sofía y Tomás se pusieron sus pijamas. Recordaron las flores, los árboles, las mariposas y los leones que habían sido en el jardín. Se durmieron rápidamente, soñando con la primavera y con la abuela Emilia. ¡Qué día tan maravilloso habían tenido!
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