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Sofía tenía nueve años y un mundo interior lleno de colores, algunos brillantes y otros un poco más oscuros. Sofía veía el mundo de una manera especial, a veces diferente a como lo veían los demás, porque Sofía era autista. Le encantaban los trenes, el color azul y la textura suave de su mantita favorita. Pero las emociones… ¡las emociones eran un lío!
Un lunes por la mañana, Sofía se despertó con el sol entrando por su ventana. Normalmente, le encantaba el sol, pero hoy, la luz era demasiado intensa. Sintió una especie de cosquilleo incómodo en el estómago. Era… ¿molestia? No estaba segura.
"Sofía, cariño, ¡a desayunar!" gritó su mamá desde la cocina.
Sofía bajó las escaleras, aferrándose a su mantita azul. En la mesa, había un plato de huevos revueltos. A Sofía le gustaban los huevos revueltos, pero hoy… ¡no! La textura le pareció extraña, resbaladiza. El cosquilleo en su estómago creció. Ahora era… ¿enfado?
"No quiero huevos," dijo Sofía, con la voz un poco más alta de lo normal.
Su mamá se acercó y le acarició el pelo. "¿Qué pasa, cariño? Normalmente te gustan los huevos."
Sofía no pudo explicarlo. Solo sabía que los huevos eran… ¡incorrectos! Empezó a sentir lágrimas picando en sus ojos. ¿Tristeza?
Su mamá, con mucha paciencia, le dijo: "Entiendo que hoy no te apetezcan los huevos. ¿Qué tal un poco de fruta?"
Sofía asintió y su mamá le sirvió una porción de fresas. Las fresas eran rojas y jugosas, y Sofía sintió que el cosquilleo en su estómago se calmaba un poco.
En el colegio, la maestra, la Señorita Elena, estaba explicando una lección sobre los planetas. A Sofía le encantaba el espacio, pero hoy, el ruido de los otros niños la distraía mucho. Sentía como si cada sonido fuera un pequeño pinchazo. Estaba… ¿abrumada?
Sofía empezó a balancearse suavemente de un lado a otro, una de sus maneras de autorregularse. La Señorita Elena se acercó y le susurró: "Sofía, ¿necesitas un momento en el rincón tranquilo?"
Sofía asintió con alivio. El rincón tranquilo era un espacio especial en la clase con cojines suaves y luces tenues. Allí, Sofía se sentó y respiró profundamente. Sintió que la abrumación se disipaba un poco.
Por la tarde, Sofía tenía una cita con su terapeuta, el Señor Pablo. El Señor Pablo era muy amable y siempre la ayudaba a entender sus emociones.
"Sofía, hoy vamos a hablar de las emociones como si fueran colores," dijo el Señor Pablo, mostrándole un círculo de colores. "¿Qué color sientes hoy?"
Sofía pensó un momento. "Azul," dijo, señalando el azul en el círculo. "A veces, siento azul cuando estoy triste o abrumada."
"Muy bien," dijo el Señor Pablo. "¿Y qué podemos hacer cuando sentimos azul?"
Sofía pensó de nuevo. "Puedo abrazar mi mantita. Puedo escuchar música. Puedo dibujar."
El Señor Pablo sonrió. "Exacto. Tienes muchas herramientas para manejar tus emociones, Sofía. Es como tener un arcoíris dentro de ti, con muchos colores diferentes. Y tú eres la que decide cómo usar esos colores."
De camino a casa, Sofía vio un arcoíris en el cielo después de una pequeña lluvia. Era hermoso, con todos sus colores brillantes. Sofía sonrió. Tal vez las emociones no eran tan aterradoras después de todo. Eran como los colores del arcoíris, diferentes y especiales, y ella estaba aprendiendo a entenderlas y a manejarlas.
Al día siguiente, Sofía se despertó sintiendo un poco de… ¿alegría? El sol brillaba, pero no era demasiado intenso. Bajó a desayunar y vio que su mamá le había preparado tostadas con mermelada de fresa. Sonrió y se sentó a comer.
En el colegio, aunque todavía había ruido, Sofía se acordó de respirar profundamente y de concentrarse en la lección. Cuando se sintió abrumada, le pidió a la Señorita Elena permiso para ir al rincón tranquilo por unos minutos.
Sofía estaba aprendiendo que las emociones eran como olas: a veces grandes y fuertes, a veces pequeñas y suaves. Y ella estaba aprendiendo a surfear esas olas, a entender sus colores y a usar sus herramientas para sentirse mejor. Cada día era una nueva aventura en el mundo de sus emociones, un mundo lleno de colores y posibilidades. Y Sofía, con su valentía y su corazón lleno de amor, estaba lista para explorarlo todo.
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