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Gratis · elegí una vozMarcelo tenía seis años y un corazón lleno de energía. ¡Tanta energía que a veces era difícil de controlar! A Marcelo le habían dicho que tenía TDAH, que significaba que su mente iba a mil por hora y a veces sus emociones explotaban como palomitas de maíz en una olla.
En la escuela, no siempre era fácil. Cuando la maestra, la Señora Elena, estaba explicando algo importante, a Marcelo le costaba quedarse quieto. A veces, interrumpía con una pregunta que no venía al caso, o empezaba a tamborilear con los dedos sobre la mesa. Algunos de sus compañeros lo miraban raro. "¡Marcelo es muy inquieto!" susurraban. Incluso, a veces, se burlaban de él cuando accidentalmente tiraba su lápiz o se le caía el libro.
Pero no todos eran así. La Señora Elena era una de las maestras más comprensivas del mundo. Ella sabía que Marcelo no lo hacía a propósito. Ella veía la inteligencia brillante que brillaba en sus ojos y la gran creatividad que llenaba su corazón. Cuando Marcelo se portaba un poco mal, la Señora Elena lo llamaba a su escritorio y le hablaba con calma y cariño. Le recordaba que respirara hondo y que intentara concentrarse. A veces, le daba una bolita antiestrés para que la apretara en secreto debajo del escritorio.
En casa, Marcelo tenía el mejor equipo de apoyo del mundo: sus papás. Ellos entendían que para Marcelo las cosas eran un poquito más difíciles que para otros niños. Lo llevaban a terapia con la Doctora Sofía, una señora muy amable que le enseñaba trucos para controlar sus impulsos. Le mostraba cómo respirar profundo cuando se sentía enojado o frustrado, y cómo expresar sus sentimientos con palabras en lugar de gritos o empujones.
También lo llevaban a natación. Al principio, Marcelo no estaba muy seguro. ¡El agua era fría y las burbujas le hacían cosquillas en la nariz! Pero poco a poco, empezó a disfrutarlo. Nadar le daba una sensación de libertad y le ayudaba a gastar toda esa energía que tenía acumulada. Después de nadar, se sentía mucho más tranquilo y relajado. Era como si el agua lavara toda la tensión de su cuerpo.
Un día, en la escuela, la Señora Elena anunció que iban a tener un concurso de talentos. Marcelo se emocionó mucho. ¡Le encantaba actuar y contar historias! Pero también se puso nervioso. ¿Y si se ponía muy nervioso y lo arruinaba todo? ¿Y si sus compañeros se burlaban de él?
Sus papás lo animaron a participar. "¡Tú puedes hacerlo, Marcelo!" le dijeron. "Tienes un talento increíble y estamos muy orgullosos de ti". La Doctora Sofía también lo animó. Le recordó las técnicas de respiración que le había enseñado y le dijo que confiara en sí mismo.
Marcelo decidió contar una historia sobre un superhéroe que tenía el poder de controlar el tiempo. El superhéroe se llamaba Capitán Crono y usaba su poder para ayudar a la gente y para hacer del mundo un lugar mejor. Marcelo ensayó su historia una y otra vez, hasta que la sabía de memoria. Practicó su respiración y visualizó el éxito.
El día del concurso de talentos, Marcelo estaba muy nervioso. Pero cuando subió al escenario, respiró hondo y recordó todo lo que había aprendido. Empezó a contar su historia con entusiasmo y pasión. Su voz era clara y fuerte, y sus gestos eran expresivos. El público lo escuchaba con atención, fascinado por la historia del Capitán Crono.
Al final de su presentación, el público aplaudió con fuerza. ¡A todos les había encantado la historia de Marcelo! Incluso algunos de sus compañeros que antes se burlaban de él lo felicitaron. "¡Tu historia fue increíble, Marcelo!" le dijeron.
Marcelo se sintió muy feliz y orgulloso de sí mismo. Se dio cuenta de que el TDAH no era una debilidad, sino un superpoder secreto. Le daba energía, creatividad e imaginación. Y con la ayuda de sus papás, la Señora Elena y la Doctora Sofía, estaba aprendiendo a controlar ese superpoder y a usarlo para hacer cosas increíbles.
Desde ese día, Marcelo se sintió más seguro de sí mismo y más aceptado por sus compañeros. Sabía que a veces las cosas serían difíciles, pero también sabía que tenía el poder de superarlas. ¡Y eso era algo muy especial!
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